¡CUANDO EL INVIERNO LLEGA A NUESTRO CORAZÓN! “LEVÁNTATE…EL INVIERNO SE HA IDO”. CANTARES 2: 11,11

30.03.2012 23:53

Tiene 2 hijas pequeñas y una joven esposa.  Es un joven pastor que hace 13 años, con mucho trabajo y sufrimiento comenzó a evangelizar en un sector de la ciudad. 

Una joven mujer que asistía a reuniones donde este hermano impartía enseñanza se enamoró perdidamente de él, y como se espera de un hombre de Dios rechazó como José, los requerimientos amorosos de la dama.  Génesis 39: 6-19.

Como esta perversa mujer no logró su objetivo, enfurecida lo calumnió con su esposa y con la congregación. Demás esta decir que perjudicó su hogar, afectó su ministerio… y sus finanzas.

Nadie volvió a congregarse; su esposa lo abandonó y no volvió a recibir ayuda financiera.  Cuando fui a su casa encontré un hombre lleno de tristeza, su voz era la de un hombre cansado y sus ojos enrojecidos por el llanto denotaban que él, como el patriarca José; sufría el cortante filo de la calumnia de una ramera. 

¡Este querido hermano estaba pasando por un crudo “invierno” espiritual!. A la luz de este triste episodio el Señor me ha guiado a dejar con usted amado lector a esta reflexión.

La historia de este hermano es la realidad de la perversidad de un mundo caído. Usted o yo no estamos libres de personas malvadas que se sientan en nuestras capillas con los justos.  Salmo 1: 4,5.  Lo anterior lo tomo como ejemplo para ilustrar que a todos nos llega en algún periodo de nuestra vida cristiana, un “invierno al corazón”. Aclaro; ellos se sientan con los justos pero un día Dios los saca a juicio, porque “…son como tamo que arrebata el viento”.

1. Hay “inviernos” que el Señor ha preparado para nosotros. Tal fue el caso de San Pablo. Filipenses 1:7-13.  El de Jacobo Hechos12:1,2 o el de Juan Apocalipsis1:9.

Para Pablo su “invierno” fue la terrible cárcel mamertina en Roma, de allí salió para el cadalso.  Para Jacobo su “invierno” fue la espada Romana, que lo llevó al sepulcro…y a la presencia del Resucitado. Para Juan su “invierno”, la espantosa isla prisión Romana de Pastmos. Allí estuvo 18 meses desterrado y condenado a trabajos forzados. Dicen los historiadores, que todo condenado vivía en la más degradante miseria y sometido a brutales castigos. 

Que precio tan duro pago el “apóstol del amor” por predicar al Nazareno.

Nosotros en comparación de estos hombres, no hemos sufrido.  Hebreos 11:35,38.

2. Hay otros “inviernos” que Él no nos ha preparado, sino que nuestro pecado los ha creado para nuestro sufrimiento personal.

Tal fue el caso de Moisés cuando mató al egipcio y tuvo que huir a Madián.  El de Sansón que por amar como esposa a una Filistea tuvo que morir aplastado. Jueces 14:1,3- 16:1,30. El de David que cayó en un bochornoso y doble pecado –adulterio y asesinato- agravado por ser él el rey y que le hizo exclamar profundamente acongojado por su conducta.

mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día”. Salmo 32:3,4.

Dios perdonó a este hombre pero su desvío le trajo sufrimiento y su pecado afectó a su familia. No se por cual tipo de invierno estés pasando, tampoco la intensidad, naturaleza y duración del mismo; una cosa si se y estoy seguro, que el día que como David reconozcas tu pecado y clames “yo reconozco mis transgresiones…tu sentencia es justa y tu juicio irreprochables…” Salmo 51: 4, ese día escucharás en tu corazón las palabras del amado “¡…El invierno se ha ido y con el han cesado y se han ido las lluvias!  Ya brotan flores en los campos, ¡el tiempo de la canción ha llegado!  La higuera ofrece ya sus primeros frutos y las viñas en ciernes esparcen fragancia… ¡Levántate!” Cantares 2: 11,13.NVI

En este país el invierno esta asociado- por el cambio climático- a perdida, sufrimiento y muerte.  Los ríos se desbordan y arrasan pueblos, cultivos,  pasturas y ganados. Y los incontenibles arroyos en el territorio andino producen avalanchas que sepultan casas, dañan cosechas, destruyen carreteras y se llevan muchas vidas.

A todos nos llegan “inviernos” al alma; épocas de dolor, perdida y desesperanza,  Juan 16:33. He visto a muchos creyentes sufrir, llorar y agonizar,  ya sea porque se fueron por caminos torcidos o tomaron decisiones equivocadas. Aun así, Dios los ama y espera compasivo su regreso, Lucas15:11-24. Pero también nos llegan “inviernos” en el camino real,  andando en pos de Él,  asidos de su mano.  El sufrimiento en este caso es un misterio. Los teólogos y maestros de Las Escrituras no tienen la final respuesta y las que nos dan son parciales.  Pienso en el patriarca José hijo de Jacob -léase los capítulos 37 al 45 de Génesis-  joven integro, odiado por los hermanos  y arrojado a una cisterna,  vendido como esclavo, calumniado y llevado a prisión. ¿Cual fue su pecado para tanto sufrimiento?. Ninguno,  bien lo dijo él: “A mi me trajeron por la fuerza de la tierra de los hebreos. Yo no hice nada aquí para que me echaran en la cárcel”,  Génesis 40:15 NVI.   Al final de esta historia, José mismo nos da luz sobre el negro túnel que marco muchos años de su joven vida;  creo que en este caso,  Dios le reveló a José el por qué Él permitió y preparo para su hijo tanto sufrimiento. En todo esto había un propósito divino:   -Quizá existan otras razones-  preservar la vida de los padres de La Nación de Israel:

Yo soy José -le dijo a sus hermanos-… el que vendieron como esclavo… pero no se aflijan, ni se condenen por ello,  porque era plan de Dios. Dios me envío aquí antes que ustedes para preservarnos la vida y la de nuestras familias.  Si,  Dios fue el que me envío a Egipto y no ustedes” Génesis 45: 4-5 LBD. 

Quizá tu “invierno” comenzó cuando esos exámenes médicos descubrieron esa enfermedad terminal, la cual hizo cesar tu canto. O cuando fuiste calumniado por envidia, o resentimiento; o cuando esa persona amada que te juro ser fiel hasta la muerte te traicionó o cuando perdiste tu empleo por malquerencia de tu jefe.

Nunca pudo “perdonar” tu testimonio cristiano.   

No se el motivo de tu dolor, lo que si se, por experiencia es la verdad de sus promesas y la profundidad de su compasión. Ten presente -Cuando el dolor, angustia y tristeza irrumpen como incontenible avalancha en tu corazón- la naturaleza eterna de nuestro Dios, “El Señor es bueno. Cuando hay tribulación, Él  es el mejor refugio…”.

Y al final el texto declara algo que trae paz a mi corazón y espero que al tuyo “…Conoce a todos los que en Él confían”. Nahum 1:7 LBD.

Él conoce que tu eres su hijo o hija y por lo mismo hay esperanza en medio de la oscuridad; llegó a tu vida la luz del mundo, su nombre es Jesús,  Él trae vida donde reina la muerte, Él perdona tu pecado y sana a los destrozados y heridos por el dolor.

Sin importar la naturaleza e intensidad de tu “invierno”, recuerda que no existe oscuridad que Él no pueda penetrar, que Él no pueda extinguir, profundidad que Él no pueda  sondear, devastación que Él no pueda redimir, dolor que Él no pueda erradicar. 

Yo he sentido su calido amor, su infinito poder y su bienhechora gracia en medio de un cruel y despiadado “invierno” que un día –en cuando sentía que la tristeza, la ira y la decepción, como torrentes de agua, inundaban mi alma; escuche muy quedo su voz, que por medio de su palabra me decía: “…Levántate…ven conmigo… ¡Mira, el invierno se ha ido, y con el han cesado y se han ido las lluvias! Ya brotan flores en los campos; ¡el tiempo de la nación ha llegado! ”. Cantares 2: 11-12 NVI.

¡Él tiene el poder y la gracia para cambiar tu “invierno” en primavera!

Con propiedad el himnologo compuso su canto al Señor, quizá porque estaba experimentando un “invierno” en su corazón.

Al caer la noche oigo tu llamar;

Me rodean tinieblas en mi decepción.

Si el invierno oculta mi senda al andar,

Me detengo hasta oír tu voz hablar.

Que el Señor haga brotar flores de felicidad en tu corazón es mi deseo y oración.

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