CUANDO EL AMOR ES AUTÉNTICO

30.03.2012 23:51

Una reflexión para los enamorados.

 

No recuerdo quien fue el que dijo: “hay amores que mueren, porque antes de nacer ya estaban enfermos”. Enfermos de celos, violencia, egocentrismo, infidelidad, machismo y otras malas “yerbas”.

 

Sobre lo que es el amor hay diferentes conceptos, unos verdaderos otros falsos. Para el seguidor de Cristo la definición apostólica faro de inspiración divina es la correcta.  En ella el Apóstol define con belleza y claridad las características de un amor genuino: “El amor es paciente, es benigno…No es celoso ni envidioso…No es arrogante…egoísta ni grosero, ni quisquilloso; no guarda rencor…el que ama es fiel a ese amor…” 1 Corintios 13:6,7. LBD.

 

Hay amores y pasiones…pasiones que matan la dignidad, el buen juicio y la paz.

 

Joven enamorado es importante que sepas discernir si tu amor viene del cielo o es solo una de esas pasiones de que nos dice la Escritura: ¿De donde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos? Santiago 4:1 NVI. No hay nada mas destructivo  que una relación en la cual Dios no esta presente.  Dice un hombre de Dios: Las grandes equivocaciones de muchos matrimonios comenzaron cuando le dijeron a la joven o al joven: te amo, cuando las frases correctas debieron ser: “me gusta tu cara y tu cuerpo”.

Dijimos que –al menos hay dos características que se manifiestan en el amor que viene de Dios-.

La primera es que nos acerca más al Señor Jesucristo.

Cuando en una relación amorosa entre creyentes, el Señor Jesucristo y su palabra pasa a segundo plano, es claro indicio de que esa relación no es espiritualmente sana.

La segunda característica de un amor autentico es que es de bendición para la iglesia y para todo el pueblo de Dios.

La iglesia como cuerpo de Cristo es el medio por el cual los hombres son alcanzados para salvación. La vida cristiana de éxito esta en conexión con la iglesia. Cuando hablo de la iglesia no me estoy refiriendo a una denominación o grupo independiente en particular;  me refiero a los redimidos a nivel universal que se congregan a nivel local teniendo a Cristo como centro. La iglesia es por naturaleza Cristo céntrica. Su centro no es una doctrina ni un hombre.  1 Corintios 1: 23,24—Hechos 4: 12.

Si el amor  viene del cielo harán para los enamorados de la iglesia la antesala romántica del futuro hogar, la iglesia sentirá que es bendecida, no menoscabada, por este nuevo romance.

Conocí hace muchos años a una joven amable, culta con un gran espíritu de servicio,  líder de gran ayuda entre los jóvenes. Un día se le apareció un joven que parecía buen creyente y con astucia la conquistó, el resultado fue desastroso para ella y la iglesia.  Poco a poco la sacó de la congregación y con engaño le sembró espíritu de discordia contra el liderazgo cristiano y arruinó su vida espiritual.  Una pasión había marchitado una hermosa vida llena de promesas.

Después ella me contó: “Estoy contenta, él es bueno pero casi no me puedo congregar y servir  como antes”. Noté tristeza en su rostro.

Salí de su presencia con la convicción de que la hermana no era intensamente feliz y menos gozosamente dichosa y bendecida.

Un amor que propende a apartarnos del servicio al Señor y al prójimo es de sospechosa procedencia y legitimidad.

Dios nos rescató para servir y en la viña del Señor hay variadas formas de servicio, según los dones y talentos que él nos ha dado. Conozco casos tristes por cierto de personas que han sacrificado en esta área lo excelente por lo bueno, como el caso de esta joven. Se me ocurre que es posible dejar ir de nuestros corazones el más grande y maravilloso amor de nuestras vidas, por no ser fieles al Señor. No nos extrañe si algún día aparece el amor que es de Dios –el compañero, a por él aprobados- y no nos atrevamos a medir la crisis de la vida en términos de fidelidad, esa oportunidad que dejamos volar jamás volverá, porque no estuvimos listos a pagar el precio espiritual que Dios demando, en ese momento en nuestras vidas.

En contraste conozco una joven cristiana que rehusó  aceptar una relación amorosa con un hombre rico –prefirió seguir pobre- que entregar su futuro espiritual a cambio de riqueza.

No dudo en afirmar que el Dios que todo lo ve conoce y valora, retornará a esta joven gran bendición. Él es fiel a sus promesas.  Escrito esta de él, “…pero honra a los que temen a Jehová…la bendición de Jehová es la que enriquece y no añade tristeza con ella” Salmo 15: 4---Proverbios 10:22.

Cuando esta joven creyente me contaba su experiencia no había en ella tristeza sino espíritu de victoria y confianza en aquel que la redimió con su sangre.  Estoy seguro que es para ella –como para todos los jóvenes que tienen el valor de sacrificar lo que no es malo en si, por lo excelente-  esta promesa “…Honraré solamente a los que me honran…” 1 Samuel 20: 30 LBD.

Joven cristiano: usted tiene derecho al amor verdadero de la vida, pero lo anterior tiene un precio; la fidelidad a Dios y a los valores cristianos revelados en la Escritura y proclamados por la iglesia y la incesante búsqueda de su voluntad. Un amor así nos acerca a Dios y producirá en su corazón la armonía de saber que no nos hemos desviado del camino real. Un amor así lo impulsara a honrar más a Cristo y a ser bendición en el marco de la iglesia del Señor “...El que vive en amor, vive en Dios y Dios en él” Juan 4: 16.

Quiero dejar claro el concepto de la responsabilidad personal de perfeccionar esa felicidad en la pareja cristiana por el aporte que cada cónyuge debe dar al hogar. Una buena relación empieza cuando te casas con la persona adecuada, pero la continuidad de una buena relación dependerá del aporte constructivo que cada uno hagamos en el marco matrimonial, porque –y esto debes tenerlo presente- la felicidad conyugal no es automática ni quedará asegurada por el simple hecho de haber efectuado una acertada elección. Para consolidarla es básico cultivar en forma conciente, inteligente y permanente un afecto, cariño y ternura que ha de ir en aumento con el correr del tiempo, hasta ser más fuerte y poderosa que la misma muerte.  La consideración en el trato, el respeto a los valores y cultura de la otra persona, el espíritu de sacrificio de uno para con el otro, la capacidad  de reconocer nuestras fallas y enmendarlas y el espíritu de perdón, marcaran nuestro hogar para bien hasta el fin de nuestra jornada.

El amor que va más allá del romanticismo, aunque no lo excluye, no es un amor egoísta.  Es abnegado porque procede de Dios y tiene por finalidad crear felicidad proyectándola hacia los demás.

Lo anterior será una realidad cuando los esposos en el marco de la iglesia cultiven una genuina comunión con Dios y cuando Cristo y Su Amor sean una viviente realidad en la vida individual y en sus mutuas relaciones.

En Filipenses 4:8 encontramos unos principios rectores de sana convivencia que deberían ser tenidos en cuenta por los enamorados y esposos: “Por ultimo hermanos consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin todo lo que sea excelente o merezca elogio, pongan en practica…y el Dios de paz estará con ustedes”…y con su hogar.

 

 

El amor que proviene de Dios es reconocible por sus resultados positivos, benéficos y constructivos en los que se aman. 

 

No destruye, edifica.  No desmejora, mejora.  No siembra discordia, división y pleitos.  No sustrae de la comunión con Dios y su pueblo, la propicia.  No acusa, presiona o manipula al ser amado a tomar decisiones “quemando” las etapas del romance.  Es paciente en la espera, sabe que en una toma de decisiones de algo tan importante como el matrimonio debe haber consenso, unidad de criterio y respeto para que todo sea hecho de forma ordenada conforme al espíritu cristiano.

 

Se me viene a la mente –creo que el Señor me ilumina- algunas características del amor que viene de Dios.

 

  1. Nos acerca mas al Señor Jesucristo

El gran misionero Carlos T Studd –el cual predico el evangelio en África y allí murió a avanzada edad- hablando de su esposa dijo: “No me casé con ella por su belleza; me casé por sus hermosas acciones al Señor Jesucristo, y hacia aquellos a quien Él vino a salvar”.

Quizá usted piense: “No soy misionero-a evangelista o maestro de la palabra”. Sin importar su don, talento o profesión tenga presente que todos somos embajadores de Cristo,

  1. Corintios 5:20 y por lo mismo es prioritario en nuestra elección de pareja, estar seguros-as de que nuestro amor tenga la aprobación del Señor y que no solo sea un sentimiento producto de la conveniencia del momento o un escape a un mundo de la fantasía que nos ha llegado a través de los medios o de novelas rosa.

 

El impulso del amor que crea profundas simpatías y un acendrado afecto de un hombre hacia una mujer y viceversa, también tiene origen divino, y fue implantado en el ser humano con el propósito de que fuera uno de los mayores bienes de la sociedad.

 

Por lo anterior debe el joven tener la certeza de que sus motivaciones estén solidamente fundamentadas en los valores cristianos, no solo en lo estético, cultural y económico; lo cual solo tiene sentido en el marco de los propósitos divinos, pero que en última instancia son relativos, siendo Cristo el centro de toda bendición. Un amor en el límite de la voluntad de Dios arrastrara a la inestabilidad y al fracaso

 

Conozco algunos casos de personas que amaron con sabiduría y por eso resistieron el mal, las circunstancias adversas y el dolor de pérdidas irreparables.

 

Si el “amor de tu vida” enfría tu comunión con el Señor y te aparta del pueblo de Dios, con toda seguridad ese amor no es conveniente para la salud de tu vida espiritual. Se sabio/a.

 

En estos tiempos en que se proclama la igualdad de sexos y que en muchos círculos sociales se mira con simpatía a las mujeres de carácter “varonil” y a los hombres muy “machos” –por eso será que muchos hogares se auto destruyen al poco tiempo de haberse formado-.

 

  Llego a mi mente una historia o leyenda de la Antigua Grecia: Cuenta la historia  que un sabio de Grecia tenía un discípulo que estaba enamorado.  El novio lleno de alegría contaba al maestro las cualidades de su futura:

-Es hermosa como la Aurora, decía el joven.  El Filosofo escribía: “cero”.

-Es rica, muy rica –añadía el joven-.  El genio Griego volvió a escribir: “cero”.

El enamorado agrego:

-Es inteligente.  Y el gran hombre puso otra vez: “cero”.

-Es noble. “cero”

-Tiene buena educación. “cero”

El enamorado miraba atónito a su querido maestro. Por ultimo dijo:

-Tiene un carácter dulce y humilde.  Y entonces el sabio Heleno estampo la unidad a la izquierda de todos los ceros que había ido poniendo, para demostrar que solo así adquirían valor las demás cualidades.

 

¿Es tu amado o amada persona de muchas cualidades? Te felicito; pero ten presente que las virtudes de ella o de él solo tendrán valor aquí y en la eternidad si Cristo es el centro en esa vida, sin Él todo lo demás son ceros. Ceros en la cosecha eterna.

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