EL PECADO DEL ESCÁNDALO

30.03.2012 23:15

" ... Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo... no perderá su recompensa. Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atare una piedra de molino al cuello, y se arrojase en el mar."

San Marcos 9:41-41.

Un vaso de agua dado en el nombre de Cristo, con amor, ¡Cuánto bien puede hacer!, todo el bien y servicio que podamos brindar a nuestro prójimo, y más aún a los pequeñitos que creen en Cristo, no quedará sin su debida retribución, ya lo dijo el Señor: "... el rey les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mi lo hicisteis." (Mateo 25:40.)

El vaso del agua nos ilustra que fuimos redimidos para servir; pienso que Cristo Jesús al observar a los niños, quizás a tiro de piedra, entregados plácidamente a sus juegos infantiles, en una asociación de profundas ideas, pasa del vaso de servicio a la "piedra del escándalo", ¡el terrible pecado del escándalo!; "Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos... mejor le fuera si se le atare a una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar". El Señor Jesús pasa rápidamente del vaso de agua al tenebroso mundo del escándalo; sí, los escándalos de ayer, de hoy y de siempre, no sé porque amigo lector, pero la breve asociación de estas dos sentencias, me "suenan" a mí como ruptura de vasos en las manos torpes del hombre insensible al bien, desamorado y corrupto; es que cuando escandalizamos a un "pequeñito" le estamos cerrando el paso a una vida mejor, lo estamos cegando en las esferas de su vida, incluyendo, naturalmente, la más importante, la luz que puede llevarle a Cristo, y si es creyente le estamos impidiendo su progreso espiritual.

Hay los que escandalizan ocasionalmente, unos por ignorantes, otros por maldad; y Dios dará a cada uno su pago dependiendo del grado de conocimiento que cada uno haya tenido, pero también la intención con que se haya hecho, y esto último será lo más importante ante el Señor, pero en el basto mundo del escándalo están los profesionales que han hecho de el no solo su norma de vida, sino también su medio de vida; ese es su negocio, viven para el escándalo, con el escándalo y del escándalo, los hay por miles en todos los países, son unos ASESINOS en el orden INTELECTUAL, MORAL, Y ESPIRITUAL; me parece ver el rostro grave de Jesús, con santa indignación lanzando un ¡ay! Acusador, diciendo:

"... imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay! De aquél por quien vienen." (Lucas 17:1.)

Un escándalo, una piedra atada al cuello y un final de muerte, es la sentencia más benigna por medio de la cual Cristo quiere ilustrarnos el fín del profesional del escándalo, una sentencia gravada en la Escritura para todas las generaciones, y con un "pincel" en manos de artista, el Señor nos "pinta" en su Palabra a grandes rasgos, el espantoso fin de aquellos que se han especializado en corromper al prójimo, a los niños en la fe y yo creo que también a la niñez y juventud; la comparación es pálida comparada con la realidad misma, y esa es la realidad que Cristo quiere enseñarnos.

Nos muestra el relato evangélico a un hombre al cual se le ha amarrado al cuello una de esas pesadas piedras, con que los antiguos molían su trigo, el cual va a ser lanzado a las profundidades marinas, ¡es tan vívida la descripción! que casi podemos palpar la trágica escena. Allí está nuestro hombre atrapado bajo el peso abrumador de tan pesado objeto, no hay posibilidad de liberación y al ser lanzado al mar rápidamente se hunde, rodeado de profunda oscuridad y silencio de muerte, y al relacionar tan macabro fín, con el fin eterno del que produce los escándalos, creo que el Señor quiso enseñarnos gráficamente, que tal tipo de muerte es mejor que la que le espera a tales personas en el día final. Expertos en la maldad y el vicio, que sienten alegría cuando logran inducir a almas débiles por los caminos del mal; proxenetas, homosexuales, negociantes de la droga, cultores de la violencia, crimen y robo, de los cuales el texto sagrado nos alerta diciéndonos: "... De los hombres que hablan perversidades, que se alegran haciendo el mal, que se huelgan en la PERVERSIDAD DEL VICIO..." y lo anterior algunas veces ALENTADO y permitido por sociedades que orgullosamente ostentan el título de CRISTIANAS. Hace algunos años dos "señoritas" contrajeron "matrimonio" con todas las de la ley, y esto en la culta y señorial Inglaterra, ¡el lesbianismo legalizado!, el homosexualismo no simplemente tolerado, sino con cédula de ciudadanía.

Mucho de lo que se llama cultura, arte, música y aún ciencia, es la expresión del corazón ruin y malvado de hombres que desprecian a Cristo y sus valores; no son sino máscaras bajo las cuales se ocultan los profesionales del escándalo, los cuales se valen de todos los medios para corromper las pocas buenas costumbres que aún subsisten en nuestro medio; allí en las plazas y calles de nuestros pueblos y ciudades, podemos observar a las gentes que se detienen a mirar y comentar, entre divertidos y asombrados, muchas de estas gentes son niños, las sucias carteleras del cine rojo, que compiten para atraer las multitudes, librerías en las cuales se ofrecen revistas y libros de lujosa presentación, con títulos sugestivos y dibujos obscenos, un escritor contemporáneo definió este tipo de presentaciones del séptimo arte, novelas y presentaciones "culturales" como "bazofia y literatura de alcantarilla que resuma podrido fango"; ¡un diagnóstico acertado!, música popular que mas bien son himnos de alabanza a la borrachera, violencia, disipación sexual y a toda perversión; ritmos desenfrenados que crispan los nervios y hacen perder el control mental a los que participan en este tipo de diversiones, teniendo la particularidad de producir descontrol emocional y despertar las más bajas pasiones.

No puede quedar excluida la televisión, en nuestra reflexión, el "pequeño tirano", como alguien lo llamó; es tan conocido su pernicioso efecto en el carácter de los televidentes que se necesita estar ciego para no ver el impacto negativo que ella hace en las personas y principalmente en los niños, ¡el cine hogareño! que logra reunir alrededor suyo a toda la familia y hacerlos callar horas enteras, mientras la vieja Biblia familiar "duerme" "el sueño de los justos", en el viejo armario, esperando que el domingo una mano "cristiana" la saque de paseo; sí, todos los maravillosos medios de comunicación, en un alto porcentaje, puestos al servicio de los profesionales del escándalo; es como si los escritores, productores de cine y de programas televisados, compositores y cantantes, en su gran mayoría, hubiesen hecho un pacto para ensuciar con sus escritos, producciones, composiciones, bailes y cantos, a la gran multitud que en una u otra forma, están siendo influenciados por estos expertos en la vulgaridad, el mal gusto y la ruindad espiritual que anida en sus corazones.

Quizás la piedra de molino atada al cuello de nuestro depravado hombre moderno, expertos en armar trampas morales lujosamente disfrazadas, y de nuestra tolerante sociedad "cristiana" que las acepta, alaba y muchas veces premia, sea el hambre y la epidemia con su rosario de ruina y muerte; quizás sea el terremoto que en segundos deja dolor, miseria y desolación; quizás las revoluciones, guerras y genocidios que cual ácido corrosivo, destruyen vidas y bienes por doquier dejando a su paso viudas, huérfanos, desconfianza, odio y amargura; quizás nuestra "piedra de molino" sea ver a nuestra juventud prostituida, alcoholizada, drogada y acanallada, ¡mucho cuidado padres cristianos con vuestro testimonio!, porque nuestra permisiva sociedad ha integrado a su cultura, haciéndolos suyos, los antivalores que se oponen al santo y bendito Evangelio de Dios. (1. Tesalonicenses 2:2.)

Tal vez la "piedra de molino" sean los átomos desencadenados en futura e inenarrable confrontación nuclear; no sé, pero lo que sí es seguro, es que el abrumador peso del pecado arrastrará al abismo de la perdición, para sufrir la terrible y monstruosa pesadilla de una muerte segunda, a todos aquellos que se complacieron en el mal y en quienes su placer era llevar a los incautos y simples tras de sí, los cuales tuvieron o tienen en poco la gracia y el perdón que Dios les brinda hoy en el Señor Jesucristo.

"Porque la senda de los justos es como la luz de la aurora..." y "El temor de Jehová es aborrecer el mal..." (Proverbios 4:18 y 8:13.)

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