LA MADUREZ CRISTIANA

04.04.2012 00:00

Al escribir esta reflexión sobre la madurez en la vida del creyente, estoy consciente de mis limitaciones y escaso desarrollo en área tan importante. Aún así, el Señor ha puesto en mi corazón el deseo de autoanalizarme como vivo y ando en algo que tiene que ver con mi desarrollo y crecimiento espiritual. Así pues, estos artículos son el producto de lo que el Señor me ha mostrado. –Que todavía hay rasgos de infancia espiritual en mi vida de creyente.- Espero que el amado lector sea edificado como yo lo estoy sintiendo en mi corazón.

La madurez es un proceso en el área espiritual y emocional al cual no es ajena nuestra razón y sentido común, porque ella abarca toda nuestra personalidad.

El crecimiento debe ser nuestra meta diaria y está íntimamente relacionado con el buen desarrollo el cual debe ser dinámico y progresivo en el marco del tiempo y nuestra vivencia con el Señor.

Yo soy bajo de estatura y escapa a mi voluntad ser más alto, pero en el área espiritual es el deseo de Dios, que como hijos, crezcamos hasta que Él nos lleve a Su Presencia.

Pablo, el apóstol de los gentiles, les dice a los creyentes hebreos, y en sus palabras se siente su tristeza y preocupación: “con el tiempo que ya llevan de cristianos debían poder enseñar a otros; sin embargo han retrocedido tanto que hay que enseñarles de nuevo hasta los más sencillos principios de la Palabra de Dios. Se han debilitado tanto, que como niños, tienen que tomar leche sola en vez de alimentos sólidos. Esto demuestra que no han progresado en la vida cristiana, y que todavía no saben diferenciar entre el bien y el mal. ¡Todavía son ustedes cristianos recién nacidos! No podrán ingerir alimentos espirituales sólidos, ni entender las más profundas verdades de la Palabra de Dios, mientras no sean mejores cristianos y aprendan a distinguir entre lo que es bueno y lo que es malo por medio de la práctica del bien”. Hebreos 5:12-14. LA BÍBLIA AL DÍA. ¡Qué tragedia!

Una cosa debe quedar clara: Ser maduro no es ser perfecto. Comenzamos a andar por el camino de la madurez cuando reconocemos nuestra debilidad y nos proponemos como Pablo, proseguir la meta. “No quiero decir que sea perfecto. Todavía no lo he aprendido todo, pero continuo esforzándome para ver si llego a ser un día lo que Cristo al salvarme, quiso que fuera. No hermanos, todavía no soy el que debo ser, pero eso sí, olvidando el pasado y con la mirada fija en lo que está por delante, me esfuerzo hasta lo último, por llegar a la meta”…….Espero que todos los cristianos estén totalmente de acuerdo conmigo en estas cosas…….Filipenses3:12-15 LBD.

Comenzamos a ser maduros cuando día a día, en el marco de la soberana voluntad de nuestro Padre celestial, nos proponemos sin reservas, a darnos a Él en los demás. Ser maduros, es permitir que las respuestas de toda nuestra vida en toda circunstancia, buena, difícil o mala, estén en armonía con el carácter de Cristo, el cual debe manifestarse en nosotros, no tanto por los dones, sino por el fruto.

En estos días alguien me regaló una guanábana, fruta muy apetecida en nuestro medio por su valor refrescante y alimenticio, como por su sabor y aroma. No sé si el símil es adecuado, pero se me ocurre que la vida de un creyente debe ser refrescante y tener “sabor y aroma celestial” y esto solo lo pueden expresar y hacer sentir los creyentes que andan por la senda de la madurez.

Creo que ante cualquier dura realidad de la vida o cualquier maltrato o injusticia que nos llegue, nuestra respuesta está enmarcada a grandes rasgos en la Palabra eterna del Señor: “Además sabemos que si amamos a Dios y nos adaptamos a sus planes, todo cuanto nos suceda, ha de ser para el bien nuestro” aún la senda de las privaciones, la persecución y el dolor.

Cuando era un niño, y hacía berrinches y travesuras, mi madre me decía, ¡madura! Hoy también cuando reacciono como un niño, el Espíritu Santo dice a mi corazón ¡madura! Para que seas de bendición a otros y para que Jesucristo sea glorificado a través de tu vida.

La inmadurez-en lo que por los años debieran ser maduros- afecta negativamente el crecimiento de la obra de Cristo y a la asamblea local, afecta la armonía de los hogares, estorba la conversión de los hijos, y trae crítica de las personas con las cuales nos relacionamos en nuestro diario vivir..

Que su amabilidad-gentileza-sea evidente a todos” Filipenses4:5 NVI.

Amado lector, a esta planta; la madurez solo crecerá en los terrenos del amor ágape y la verdadera humildad.

1. DE CORINTIOS 13:11

Comentaba que la madurez en los hijos de Dios solo puede desarrollarse en el marco del amor incondicional y la genuina humildad.

Debe de quedar claro en la mente del lector: Todo creyente en diferentes grados o etapas, transitamos por el camino de la madurez; unos vamos más atrás, otros más adelante; por lo anterior no tenemos de que gloriarnos en relación con otros. Hay niños que ya no usan pañales, ni biberón; otros sí; otros ya no son niños.

Madurar es el propósito de Dios para cada miembro de su familia; la iglesia.

El problema no es tanto el ser inmaduro, todos lo somos en algún grado, el problema de muchos es permanecer después de mucho tiempo de andar en el camino de la fe, perpetuamente inmaduros, y creer que son maduros porque tienen buen conocimiento de la Palabra o por que ocupan un puesto de mando en la obra del Señor, etc. Estos en resumidas cuentas han envejecido ¡pero no han crecido!

Permítame hacerle unas preguntas: ¿cómo reacciona ante el maltrato, la frialdad y la indiferencia?, ¿Cuándo un jefe intrigante lo hace echar de su trabajo?, ¿Cuándo alguien lo empuja para sacarlo de la fila?, ¿Cuándo ese ser que usted tanto quiere, hijo, hija, esposo, esposa, le habla con displicencia?, ¿Cuándo alguien le daña un negocio?, ¿Puede hoy lidiar con esa presión en su hogar, trabajo, o en algún ministerio con más serenidad que hace un año?.

 2. de Pedro 1.3-7 nos ayudará a evaluar, es como una regla divina, para ver cómo nos va en este peregrinaje como ciudadanos de una patria mejor: “Esfuércense por añadir a su fe, virtud; a su virtud, entendimiento; al entendimiento; dominio propio; al dominio propio, constancia, a la constancia, devoción a Dios; a la devoción a Dios, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor”  y como resultado de lo anterior, nos dice el apóstol: “Porque estas cualidades, si abundan en ustedes, les harán crecer… y evitaran que sean inútiles e improductivos” v.8. Recuerden esta palabra apostólica: “Esfuércense”. Y el Espíritu Santo hará el resto.

Sabemos que estamos envejeciendo más todos los días, pero ¿cómo sabemos que estamos madurando?. A medida que envejecemos, regresamos a la niñez de muchas formas y maneras; ya es frecuente tropezarse, como cuando éramos niños, dormirse con frecuencia, resentirse por cosas triviales, perder la fuerza, etc. ¿Tenemos conciencia de que el Señor se preocupa porque muchos de sus hijos parecen bebes siendo ya viejos en la Palabra?. Sí, a medida que llega la tarde de la vida, regresamos a la niñez o adolescencia, y no podemos evitarlo. Pero en lo espiritual, la inmadurez es algo que no debemos permitirnos. Dios desea que vayamos más allá de asuntos rudimentarios de la fe, y de la práctica de esa fe, y salgamos a buscar la madurez durante toda nuestra vida. El anhela que crezcamos.

 En 1 de Pedro 3:8-12 encontraremos una lista que nos ayudará a evaluar, como nos va en esta área. Le invito a leer estos textos y meditarlos, veamos: “finalmente sean como una familia grande, feliz, compasiva, donde reine el amor fraternal, sean cariñosos y humildes; nunca paguen mal por mal, ni insulto por insulto. Al contrario, pidan que Dios ayude a los que les han hecho mal, y Dios los bendecirá por ello”.

La versión Valera dice: “Finalmente sed todos de un mismo sentir”. Esto nos introduce al corazón de la verdadera unidad cristiana; unidad de corazón. Símil de propósito en los puntos esenciales de la doctrina. La unidad de que nos habla el apóstol no es uniformidad, donde todas las personas tienen en apariencia, el mismo pensar e idénticas preferencias, tampoco la unidad es unanimidad, en la que hay un ciento por ciento de acuerdo, ni tampoco unión en donde hay una afiliación religiosa con otros, pero no hay un común vínculo que los une en el corazón. La unidad me habla de armonía en un terreno común, Jesucristo, su modelo, su mensaje y su misión. ¿Es usted una persona conflictiva cuando trata con cristianos de otras denominaciones en aquellas cosas  secundarias como días, comidas, vestidos, etc.? Alguien escribió: “La madurez comienza a crecer cuando uno puede sentir que su preocupación por los demás sobrepasa la preocupación por uno mismo”.

Los creyentes que maduran se interesan de corazón por sus prójimos y de una forma especial por sus hermanos.

Esté alerta con su corazón, porque hay creyentes que se congregan en una misma capilla, cantan los mismos himnos y participan de comunión, pero no tienen unidad de corazón.

Recuerde: El amor cristiano no son solo palabras bonitas, son hechos. 1. de Juan 3:18.

Personalmente en esta área tengo conciencia de mi escasa madurez, pero me esfuerzo por caminar por esa senda,  porque en última instancia cada uno daremos cuenta a Dios de nuestra mayordomía.

Alguien ha dicho que la madurez cristiana es la capacidad de apropiarse de verdades bíblicas y aplicarlas a cada situación de nuestra vida. Esto es exactamente lo que no quisieron hacer los cristianos hebreos y por eso el escritor inspirado les dice: “En realidad a esta altura, ya deberían ser maestros, y sin embargo necesitan que alguien vuelva a enseñarles las verdades más elementales de la Palabra de Dios”…..Hebreos 5:12 Nueva Versión Internacional.

La inmensa mayoría de conflictos a nivel eclesial, familiar, empresarial y social se debe a enfrentamientos que hubieran podido evitarse, si los implicados hubieran tenido madurez.

Un escritor cristiano escribe “Hay algunas situaciones en donde nos es vedado hacer juicios a priori. Por ejemplo no debemos juzgar los motivos de nuestros hermanos; no somos omniscientes, y no siempre podemos saber por qué hacen lo que hacen, no debemos juzgar el servicio de otro creyente, o cual fue la causa de que un matrimonio terminó en divorcio;. Guardémonos de meter nuestra mano en una esfera que es exclusiva del Todopoderoso. En última instancia, dejemos que la iglesia juzgue para disciplina, no nosotros.

Pedro el apóstol nos da unos principios que nos ayudaran a “medir” que grado de madurez hay en nuestro peregrinar cristiano.

En fin, vivan en armonía unos con otros, compartan penas y alegrías, practiquen el amor fraternal, sean compasivos y humildes. No devuelvan mal por mal, ni insulto por insulto, más bien bendigan, porque para esto fueron llamados, para heredar bendición. 1 de Pedro 3:8-9. N.V Internacional.

En el artículo anterior dije: La humildad de corazón solo crece y se desarrolla en el marco de vidas maduras en el amor ágape.

Sé todos….compasivos. Que significa “Sentir con”.

Desafortunadamente, con honrosas excepciones, vemos muy poco de esto en las iglesias. Los creyentes maduros tienen sentimientos mutuos y dificultades y alegrías compartidas, Romanos 12 15-16.

HUMILDAD

Uno no nace humilde, escrito está: “Yo sé que soy malo de pensamiento, pecador me concibió mi madre” Salmo 51:5.

El Señor nos insta a aprender de Él. “….Aprendan de mi, pues soy apacible y humilde de corazón y encontraran descanso para su alma”. Mateo 11.29.

Lo contrario a la humildad es la soberbia, el orgullo y la autosuficiencia. ¿Se acuerdan de Goliat? Ya sabemos la historia y su final. Este hombre perdió la cabeza dos veces, primero, cuando menospreció por su apariencia a David. 1 de Samuel 17:42. Segundo, cuando David lo mató.

No tengamos por poco a otros, por su apariencia, condición social, extracto económico,  edad, etc.

“Tú, ¿Por qué menosprecias a tu hermano? Todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios”  Romanos 14:10 NVT. Nadie tenga un concepto de si más alto, que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado. Romanos 12:3 NVI.

Escrito está: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. Efesios 4:32.

Lo anterior no implica que no debamos tener sabiduría y discernimiento. Pero la compasión, debe estar en el corazón de un creyente, sin ella no hay madurez. ¡Las personas que tienen madurez son tiernas! La humildad y la compasión son dos virtudes esenciales en el camino que nos conduce a la madurez.

Como creyentes gozamos de tantos privilegios, que no hay razón para estancarnos en antiguas prácticas; permitamos que el Espíritu Santo renueve día a día nuestras vidas, perseveremos en la fe. No nos dejemos vencer por sentimientos negativos.

Que nuestras motivaciones, hechos y palabras, estén dentro de lo posible, en armonía con aquel, que nos amó hasta dar su vida por nosotros.

Sembremos en el camino de otros, paz, amor y alegría.

En estos días mi madurez fue duramente probada por alguien que dijo de mí, inexactitudes- calumnias- en cuanto a mi testimonio como hijo de Dios, mi primera reacción, fue de tristeza e indignación. Estuve a punto de ir a reclamar, cuando iba a hacerlo el Espíritu Santo trajo a mi corazón, una directriz de su Palabra “Dichosos serán ustedes, cuando por mi causa la gente los insulte, los persigan y levanten contra ustedes toda clase de calumnias.” Mateo 5:11 NVI.

Tenía conciencia, de que este hombre quería hacerme daño, aún así me contuve de reclamar; dejando al Señor el asunto.

La enseñanza del nuevo testamento es que sin sufrimiento, no hay madurez.

Los frutos necesitan cierto grado de calor para madurar. Nosotros  también necesitamos ser probados. “Así, que alégrense, porque aunque al presente sufran diversas aflicciones, el gozo que les espera es extraordinario. Las tribulaciones presentes ponen a prueba la firmeza y pureza de su fe. Así como el oro se prueba y purifica en el fuego, su fe que es más valiosa que el oro es sometida al fuego purificador de las tribulaciones. Si permanece firme, recibirá alabanza, gloria y honra el día en que regrese aquel a quien aman sin haberle visto, y en quien confían aunque no lo ven…1 de Pedro 1:6-8.

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