OH SEÑOR, SOBERANO NUESTRO… ¡HAS PUESTO TU GLORIA SOBRE LOS CIELOS! (SALMO 8:1)

30.03.2012 23:23

De tanto ver las cosas, tratar a las personas y pasar por diversas situaciones, uno pierde por costumbre y simple rutina, la capacidad de ver, observar y apreciar las maravillas de la creación de Dios, tanto en los seres vivos, como en las cosas inanimadas que hay en la naturaleza, para nuestro provecho y deleite.

La dulzura en la sonrisa de un niño, la alegría que ilumina el rostro de los enamorados, la belleza del Colibrí al sostenerse en el aire para extraer el néctar de las flores, la preciosura del vuelo de las mariposas que posan sus gráciles cuerpos en las flores del jardín de una casa campesina, la cual es linda en su rusticidad y simpleza.

La satisfacción de disfrutar un vaso de agua; cuando la sed y el calor hacen que nuestro cuerpo la pida a "gritos", la alegría en el rostro de los ancianos que rodeados de sus hijos y nietos descansan en la banca de un parque público.

La ciudad donde vivo fue construida al pie de uno de los ramales en que se bifurca la Cordillera de Los Andes, cuando entra desde el sur a territorio colombiano.

Todos los días cuando salgo de mi hogar la puedo ver en su relativa lejanía y de tanto verla me ha ocurrido lo mismo que a los demás: sólo puedo ver una alta montaña de desteñido azul, y no tener visión para contemplar maravillado el tesoro artístico, con que el Señor nos bendijo. Las más bellas pinturas de los Maestros del Renacimiento, son toscos remedos al lado del cuadro majestuoso de esta cordillera que el Señor se dignó hacer, pintar y engalanar para nuestro íntimo deleite.

Un día al estar en ella y contemplarla, se me vino a mi mente el rey David, cantor y poeta de Dios y sus Salmos 8 y 19; pienso, que al contemplar el sol que moría en el horizonte, observó que la luna y las estrellas comienzan a aparecer como brillantes piedras preciosas, engastadas en el fondo cada vez más negro de la bóveda celeste, y fue en ese instante que por inspiración y como una plegaria de admiración, adoración y gratitud levantó sus manos y dijo: "Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento proclama la obra de sus manos. Sin palabras, sin lenguaje, sin voz perceptible, por toda la tierra resuena su eco" (Salmo 19:1-3 N.V.I.)

Ese día, al observar la belleza, orden y simetría que me rodeaba, quedé encantado como el niño que contempla por primera vez, la hermosura del lindo regalo que le trajo la mamá el día de su cumpleaños.

Fue allí, donde capté el significado de lo que escribió Salomón en su tiempo: "Dios hizo todo hermoso en su momento… Aún cuando el hombre no alcanza a comprender, la obra que Dios realizó de principio a fin" (Eclesiastés 3:11 N.V.I.). Esta cordillera verde – azul, que cambia de colores ante el avance del sol y desplazamiento de las nubes, ¿Cómo definirla? ¿Cómo no ser conmovidos ante su impactante belleza? ¿Cómo no admirar la creación divina manifestada en ella?

Su abundante vegetación de verdes, rojos, amarillos, pardos y lilas indescriptibles. ¿Cómo no deslumbrarse ante los diferentes tonos de sus brillantes flores? Esta no es una cordillera árida, seca y gris, es una "dama elegante" vestida de bambúes, sauces y cafetos que cuando están en floración inundan el aire con su suave perfume, cuando nos ofrecen sus rojos granos, como brillantes rubíes hacen una fiesta de colores con el verde fresco (como esmeraldas), de sus abundantes hojas. Los platanales, guamos, ceibas y tulipanes; dan la impresión visual de un hermoso tapiz persa. ¡Esto es un regalo de Dios a nuestros corazones!

Guayacanes amarillos, que a la luz del sol mañanero parecen llamas de un fuego incipiente, pero al intenso rojizo de los morales vecinos, se ve, como un gran incendio forestal. Eucaliptos que se levantan como catedrales, con sus hojas color ceniza, mojadas por el rocío tempranero que se dispersa en ellas, brillan sus gotas como el más puro cristal veneciano.

Árboles frutales que van desde un amarillo cítrico, hasta el morado y blanco de las flores de "los muertos" y el de las humildes margaritas.

Al caer la tarde (sol de los venados), las hojas de los árboles (algunos más viejos que mis recuerdos de infancia), interpretan una sinfonía de colores y ruidos, al ritmo variado de los vientos que bajan de los nevados, que coronan con su melena de nieve la cúspide de la montaña; y la temperatura en descenso, nos recuerda que el imperio de la noche está cerca; a lo lejos el río se enrosca y más adelante desciende en vía recta, como serpiente que busca huir de eminente peligro; el aire en la penumbra de la tarde huele a fruta madura y las aves vuelan en busca de refugio nocturno; mientras el campesino se recoge en su hogar para disfrutar con los suyos del último alimento y del sueño reparador después de un día de intenso trabajo.

No quiero terminar esta evocación un poco poética, sin traer a la reflexión, otro monte; no como el de la Cordillera Central en su inmensidad geográfica, pero grande y majestuoso por su significado espiritual. Este pequeño monte es EL CALVARIO. Hablar del Calvario es hablar de juicio y salvación, derrota y victoria, odio y amor, muerte y resurrección. Allí, el pecado fue juzgado y el pecador salvado. Allí, Satanás fue derrotado y la muerte vencida, allí, Dios mostró su odio al pecado y su amor por el pecador, allí terminó el reino de la muerte para el pecador arrepentido y allí la vida eterna nos es dada en Cristo, cuando lo recibimos de todo corazón.

Calvario es sinónimo de dolor, sufrimiento, tortura, sublime entrega, la infamia de una raza caída. El Calvario nos habla de la cruz y ella del Siervo Sufriente de Jehová; del que nos habla el Profeta Isaías en su libro capítulo 53.

Las Cordilleras de los Andes, Himalaya, Los Pirineos, etc. Nos hablan de la creación de Dios, el gran escultor y pintor del universo.

La Colina Del Calvario, nos habla de un Padre Redentor, de un Dios de amor, gracia y compasión; y aunque El Calvario fue el matadero de judíos y romanos, porque su nombre mismo habla de muerte; en la economía de Dios, El Calvario es el sitio geográfico en la Palestina, donde se levantó el altar del sacrificio del Verbo de Dios, el cual nos comunica de la vida abundante.

Si el lector no tiene la experiencia de la salvación, mire al Calvario y en él, al Cristo crucificado por su pecado y por el mío. "Cuando llegaron al lugar llamado LA CALAVERA (CALVARIO) lo crucificaron…" "…un día pagó (Cristo) con su sangre, nuestros pecados…Cuando se ofreció asimismo en la cruz" (Lucas 23:33 Hebreos 7:25,27 N.T.V.).

Pienso que el Himnologo Sueco BOBERG un día, al contemplar los montes, bosques, lagos, ríos y fiordos de su hermoso país; el Espíritu Santo le iluminó este precioso himno que varias generaciones han cantado con recogimiento y espíritu de adoración: ¡CUAN GRANDE ES EL!

"Señor mi Dios, al contemplar los cielos,

El firmamento y las estrellas mil,

Al oír tu voz en los potentes truenos

Y ver brillar al sol en su cenit.

CORO

//Mi corazón entona la canción,

¡Cuan grande es El, cuan grande es El! //

Al recorrer los montes y los valles

Y ver las bellas flores al pasar,

Al escuchar el canto de las aves

Y el murmurar del claro manantial:"

¡SÍ!, CUAN GRANDE ES EL SEÑOR TODOPODEROSO!.

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